24 septiembre 2018

The Master - Colm Tóibín


Edición: Lumen, 2018 (trad. M.ª Isabel Butler de Foley)
Páginas: 472
ISBN: 9788426405081
Precio: 19,90 € (e-book: 9,99 €)

Henry James con su padre
Gracias a libros como The Master. Retrato del novelista adulto (2004), Colm Tóibín (Enniscorthy, Irlanda, 1955) es uno de los escritores contemporáneos más importantes. Sin desmerecer títulos posteriores como Brooklyn (2009) o El testamento de María (2012), que despertaron una admiración más que justificada, The Master constituye su gran obra, las facultades del autor en su pleno esplendor, puestas al servicio de un coloso de la literatura como lo fue Henry James (Nueva York, 1843 – Londres, 1916). Novelar la vida de este, el «maestro», no resultaba fácil; pero Tóibín lo logra sin utilizar los recursos habituales en este tipo de proyectos. Para empezar, descarta abarcar toda la existencia de Henry James en orden cronológico y se centra en el periodo de 1895-1899, cuando rondaba la cincuentena y ya contaba con una larga trayectoria como literato; la época de Lo que Maisie sabía (1897), Otra vuelta de tuerca (1898) y En la jaula (1898), entre otros, y de su fracaso teatral con Guy Domville (1895). El enfoque de Tóibín denota inteligencia: un Henry James de mediana edad, con suficiente pasado como para tener una amplia perspectiva de lo que es vivir (y labrarse una carrera), pero aún con bastante futuro para no ser el anciano que solo se alimenta de sus recuerdos. Se ahorra, además, el tener que recrearse en la infancia; al escribir sobre un personaje real, reconocido por su oficio, eso habría retrasado, quizá, lo más interesante. Este es un retrato del novelista adulto, como bien reza el subtítulo, aunque en su recorrido se mezclan el presente y la memoria, personas, experiencias y libros que perviven en las conversaciones, como los exitosos Daisy Miller (1878) o Retrato de una dama (1881).
Nunca le había gustado la intriga. Sin embargo, le gustaba que le revelaran secretos, porque ignorarlos era perdérselo casi todo. Él, por su parte, se ejercitó en la contención, e incluso cuando alguien le comunicaba alguna información nueva, actuaba como si se hubiera intercambiado una mera cortesía. Los hombres y las mujeres de los salones del París literario se movían como participantes en un juego de saber y no saber, de fingimiento y disimulo. Lo había aprendido todo de ellos.
Henry y William James
Llamarlo «novela» resulta cuando menos inexacto. No narra una sucesión de acontecimientos, con «intriga» y demás. No es tampoco una biografía como tal –lo que no quita la inmensa documentación, tanto de la bibliografía de y acerca de Henry James como de quienes formaron parte de su entorno; una investigación exhaustiva, digna de alabanza–, por mucho que se fundamente, en buena medida, en hechos contrastados. Definirlo como «retrato» se aproxima bastante, pero todavía se puede precisar más. La palabra clave: inmersión. Tóibín hace una inmersión en Henry James, un ejercicio de ponerse en su lugar, bucear en su mente, reconstruir su rutina, intuir sus ideas, imaginar cómo se encadenan sus pensamientos. Más que un narrador de historias, Tóibín se erige como un prosista soberbio, introspectivo, sutil, proclive al análisis minucioso de los interiores del protagonista y sus allegados. Tiene un estilo elegante, de frases largas y meticulosas, como las del propio Henry James; una voz sosegada que avanza sin prisa, deleitándose en los recovecos. Se empapa tanto de Henry James que uno olvida por momentos que está leyendo un libro de un escritor irlandés del siglo XXI. No porque imite al protagonista o produzca una sensación parecida a las novelas de este (no es ese su propósito), sino porque, de algún modo, «respira» su aire. Es como entrar en la burbuja íntima de Henry James, de este Henry James, impregnarse de él bajo la mirada de Tóibín.
Alice James
Este Henry James se revela como un tipo discreto, solitario, introvertido. El invitado de la fiesta que observa sin hacerse notar, el comensal que no alza la voz, el viajero taciturno, el sabio que calla, el amigo tranquilo y fiel. La novela comienza con un punto de inflexión para él: su decepcionante estreno en el teatro. Es una elección significativa por parte de Tóibín: escribe sobre un grande como Henry James, pero no en su mejor momento, sino que muestra al maestro derrotado, inseguro, una imagen ilustrativa de esa tendencia del artista a la insatisfacción crónica, un recordatorio de la fugacidad de la fama, de la fragilidad de su profesión. Un Henry James que conoce las dos caras de la moneda. Con este primer capítulo, queda claro que Tóibín no pretende trazar una hagiografía del autor, sino profundizar en su intimidad, sus temores, sus amarguras, sus alivios. A lo largo del libro, el protagonista se mueve por lugares como Londres, Nueva York, Venecia o un pueblo irlandés, entre encuentros con amigos, jornadas de trabajo recluido en casa o viajes sin rumbo. Pese a su naturaleza solitaria, no lo presenta como a un eremita; cuenta con muchas, e influyentes, amistades, se nutre de la compañía de escritores y artistas, además de su familia e, incluso, los empleados del hogar. Tóibín reconstruye su entorno, un fresco vívido de la intelectualidad occidental del siglo XIX tardío.
–Yo soy un pobre narrador de historias –dijo Henry–, un escritor de novelas, interesado en dramáticas sutilezas. Mientras mi hermano explica el mundo, yo solo puedo tratar brevemente de hacer que cobre vida o de que se haga más extraño. Una vez escribí sobre la juventud y Estados Unidos, y ahora me he quedado con el exilio y la edad adulta, historias llenas de desilusión que no es probable que me consigan muchos lectores a ambos lados del Atlántico.
Henry James y Henrik Andersen
Cada episodio desarrolla al menos una relación o experiencia que le dejó huella. Toma como punto de partida una situación de esa etapa entre 1895 y 1899, como una salida al teatro o una estancia en la mansión de unos amigos, para retroceder e indagar en su memoria. A menudo, se vehiculan esas vivencias con la inspiración de sus novelas. Las muertes prematuras de su hermana Alice y su reivindicativa prima Minni Temple, por ejemplo, son heridas sin sanar; su perfil psicológico sustenta a algunos de sus personajes más memorables (esa maravillosa afinidad por lo «femenino», por las mujeres en una jaula). Henry James, que procedía de una familia neoyorquina adinerada, tenía también hermanos varones: William, el mayor, con quien se entiende a pesar de sus diferencias; los menores, alistados en la Guerra de Secesión, un asunto que sirve de pretexto para explorar cómo vivió la guerra el protagonista, por aquel entonces estudiante. Las pérdidas, los personajes fallecidos, son una presencia latente, un motivo habitual en Tóibín, como en Nora Webster (2014) o La casa de los nombres (2017); aquí aprovecha la moda del ocultismo en la Inglaterra victoriana para plantear la curiosidad por el más allá. En cuanto a la vida afectiva, Henry James no se casó nunca; sin embargo, se insinúa su homosexualidad: su despertar secreto y contenido al dormir junto a un amigo, y la relación, en la recta final, con el joven escultor Henrik Andersen. Tóibín suele abordar la homosexualidad en sus novelas, pero con elisiones y sutileza, una identidad que se asoma por las rendijas, con tanta frecuencia silenciada, reprimida.
Colm Tóibín
El círculo bohemio, por otro lado, tiene tanta o más relevancia que el núcleo familiar. Del escándalo de Oscar Wilde (a quien envidia por su prestigio como dramaturgo), que en 1895 fue condenado por sodomía, al suicidio en Venecia de una gran amiga de Henry James, Constance Fenimore Woolson. Sobre esta última, Tóibín recrea la complicidad entre ambos, entre dos inadaptados que se reconocen como semejantes, los dos prudentes, brillantes, reservados. Es asimismo reseñable la cuestión de su identidad cosmopolita: la marcha de su tierra y el descubrimiento de Europa, su afinidad por los escritores del viejo continente, sobre todo ingleses y franceses. A propósito de las lecturas, Toíbín narra también una escena sobre la revelación que supone para el protagonista leer a un estadounidense como Nathaniel Hawthorne: La letra escarlata lo deslumbra, comprende que la narrativa de su país puede tomar sendas distintas a las de pensadores como Emerson o Thoreau. The Master, en fin, abarca mucho, las grandes experiencias, casi siempre traumáticas, esas que se prolongan toda la vida porque vuelven una y otra vez; y las experiencias minúsculas, la observación de una niña, una lectura iluminadora, una celebración, que pese a la apariencia trivial dejan su rastro en los cuentos y novelas del autor. The Master es un libro en el que sumergirse, para disfrutar con calma de este Henry James, fascinante como personaje, y para disfrutar del estilo de un Colm Tóibín en estado de gracia, reflexivo, profundo, lúcido, exigente. Este es el homenaje que se merece un maestro, pero a la vez es mucho más (y mejor) que eso. Una novela impresionante.
Citas en cursiva de las páginas 14-15 y 459.

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