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17 noviembre 2016

El libro y la hermandad - Iris Murdoch



Edición: Impedimenta, 2016 (trad. Jon Bilbao; post. Rodrigo Fresán)
Páginas: 656
ISBN: 9788416542338
Precio: 24,95 €

—La esperanza es importante, puede que incluso sea una virtud. Supongo que cada época piensa que está al borde del abismo. Pero hay que ser capaz de proyectar el pensamiento hacia delante, hacia la oscuridad.

Me gustaría que todo lector de este blog tomara nota del nombre de Iris Murdoch (Dublín, 1919 – Oxford, 1999), novelista y filósofa irlandesa. Como tantas otras autoras, Murdoch tiene el hándicap de haber caído en el olvido: pese a ser una de las mejores escritoras del siglo XX, quizá la mejor heredera de la tradición decimonónica británica, no ha conseguido calar en los lectores españoles. Su obra se encuentra desperdigada en diversas editoriales, con muchos títulos ya descatalogados. En los últimos años, Impedimenta ha apostado por recuperarla en cuidadas ediciones; una gran oportunidad para descubrirla e incorporarla al lugar de honor de nuestras bibliotecas que sin duda merece. El libro y la hermandad, que se publicó por primera vez en 1987, permanecía inédito en castellano hasta este año, cuando se ha publicado con una excelente traducción de Jon Bilbao. Esta obra fue finalista del Premio Booker y forma parte del que se puede considerar su periodo dorado, entre los años setenta y ochenta, al que pertenecen novelas tan aclamadas como El príncipe negro (1973, Premio James Tait Memorial), Henry y Cato (1976) y El mar, el mar (1978, Premio Booker).
Bajo el influjo de Shakespeare, Murdoch construye una novela coral de alta envergadura literaria que toma como punto de partida el reencuentro de unos amigos de mediana edad, intelectuales de Oxford, en una fiesta. En esa primera escena, se presenta a todos los personajes: los que conforman la pandilla como tal, que han permanecido más o menos unidos a lo largo de las décadas y han incorporado a miembros más jóvenes; y el outsider, Crimond, al que no ven desde hace años. Murdoch recrea una intriga en torno a este último: no solo está alejado del núcleo, sino que para el lector también es un desconocido, ya que no se le presta la misma atención que al resto. La historia está narrada en una tercera persona que va desplazando el objetivo de un personaje a otro, salvo Crimond, al que se descubre a través de la relación de los demás con él, no en su soledad. El modo con el que se refieren a él, además, acentúa tanto la curiosidad como la desconfianza: «es peligroso. No tiene miedo de la muerte, es un kamikaze», «siempre dice la verdad… Es la persona más sincera que he conocido en mi vida», «una persona comprometida, un idealista» (p. 85).
Todos, sin embargo, tienen un proyecto en común: un libro sobre el marxismo que Crimond comenzó a escribir tiempo atrás, financiado por los demás. Nadie sabe con exactitud de qué va la obra, ni si Crimond ha dejado de escribir —Murdoch tiene un sentido de la comicidad extraordinario—, pero tampoco se atreven a preguntárselo. Les cae mal Crimond, algunos incluso lo odian. Para bien o para mal, ese libro los mantiene unidos, y esta cuenta pendiente sirve de excusa para que el hombre misterioso esté presente, ni que sea de forma latente, en sus vidas. La trama a propósito de este libro, a su vez, le da un toque metaliterario que genera discusiones eruditas en torno a temas como la muerte de la novela —una paradoja, teniendo en cuenta que Murdoch escribe una novela en el sentido clásico— o a su opinión del marxismo en la segunda mitad del siglo XX. Las novelas de ideas de Murdoch logran un equilibrio entre lo trascendental del conjunto (la moral, la filosofía, la historia), influido por el platonismo que estudió en profundidad, y los placeres terrenales de lo particular (la fiesta misma que abre el relato, el sexo, el juego). Narra una historia dinámica, con ritmo fluido, pero sin renunciar al trasfondo intelectual, que le da un calado que va más allá de la acción.
A raíz de la escena de apertura, los personajes se encuentran en un punto de inflexión. La fiesta propicia un balance de sus vidas: miran el pasado, piensan en el presente, analizan las pérdidas, las ganancias y las cuentas pendientes. Gerard, el cabecilla, es un idealista que bajo su apariencia serena esconde un dolor profundo por el recuerdo de un loro que tuvo de niño. Jenkin, más práctico, es su mejor amigo, aunque tengan formas diferentes de ver la vida (que dan lugar a espléndidos intercambios de opiniones: «Yo creo en la bondad. Tú en la justicia. Pero ninguno cree en una sociedad ideal», p. 272). Rose está enamorada de Gerard en secreto, pese a saber que él es gay. Tamar, la sobrina de Gerard, es una chica afligida, dominada por una madre que intenta hacerle pagar sus propias frustraciones («Sin padre, sin madre, concebida de manera antinatural, era una criatura abandonada, proveniente de una tierra desconocida», p. 204). Tamar es uno de los personajes más logrados, quizá porque se contrapone a todos (por edad, personalidad y estamento) y al mismo tiempo pasa de mano en mano, involucrándose como sin querer en acontecimientos importantes. También están Jean y Duncan, un matrimonio no tan estable como parece. Y esto es solo un aperitivo…   
En realidad, los personajes podrían dividirse entre los que actúan motu proprio y los que esperan a que tomen la iniciativa los demás. Los activos y los pasivos. Algunos llevan décadas guardando un secreto (un amor, una frustración que los marcó). Luego está Crimond, el kamikaze, de quien se puede esperar cualquier cosa. Sea como sea, ha llegado la hora de la verdad, y a lo largo de la novela los conflictos anunciados en el reencuentro se destrenzan hasta reubicarlos a todos. Para ello tiene un gran peso el amor, entendido en Murdoch como una fuerza que puede mover el mundo. «¿Por qué nos da tanta vergüenza usar la palabra “amor”?» (p. 390), se pregunta un personaje. Es significativo que en un ambiente tan intelectual como el que recrea la novela sea el amor, en sus múltiples formas, el que desencadene los movimientos. La cordura del estudio frente a la irracionalidad del impulso. El enamoramiento, la amistad, la aventura, el amor casi paternal. Las decisiones (o las no decisiones) con respecto a este sentimiento son las que acaban determinando su devenir.
Tampoco se puede obviar la presencia de la muerte en la obra: «¿Qué tiene de diferente esa nueva vida que estamos empezando? ¿Es solo que ahora somos conscientes de nuestra mortalidad o hay algo más?», p. 591. Del mismo modo que el amor impulsa, arrolla, la muerte cierra capítulos y reabre heridas. Volviendo a la escena de la fiesta, Gerard recibe la noticia de que su padre ha fallecido. Empezar una novela con una celebración y la posterior muerte de un padre no es baladí; Murdoch utiliza el motivo literario de la fiesta como transgresión, no hay jolgorio inocente; todo tiene su lado oscuro. Los personajes están marcados asimismo por una muerte acontecida años atrás: la de Sinclair, hermano de Rose y buen amigo de Gerard. El grupo está incompleto sin él, y en el reencuentro se nota su ausencia. La muerte, por otra parte, también puede referirse a un conjunto de creencias (como el marxismo o la religión), una etapa vital de experiencias compartidas que han dejado atrás. Estas no son las únicas muertes que se producen en la historia, ni los únicos momentos de ruptura violenta con el pasado. La autora, como hizo en Henry y Cato, pone a sus personajes en aprietos perversos, sucesos propios de una película de acción, que sin embargo aquí no se reducen a eso, tienen un significado. Los lleva al límite para mostrar sus transformaciones a lo largo del tiempo.
Iris Murdoch
Iris Murdoch concilia como pocos la pasión y la trascendencia. La pasión de las grandes historias, de los personajes llenos de vida, de los actos irreflexivos y las confesiones a media voz. La trascendencia de las ideas que subyacen a los hechos, del proceso de crecimiento (o declive) que experimentan todos con el paso de los años, de la evolución individual y colectiva. El libro y la hermandad tiene muchas capas de lectura, igual que las obras de sus maestros, entre los que se cuentan Shakespeare, Tolstói o Dickens. La novela gira alrededor de unos amigos, una hermandad unida por un libro y separada por las rencillas personales; un planteamiento ambicioso que resuelve de forma impecable. Sus novelas aportan diversión y entretenimiento, gracias a su escritura vigorosa y con sentido del humor, pero a la vez suponen un reto, porque Murdoch es una novelista exigente, sin concesiones, que invita a reflexionar sobre la dimensión existencial de sus narraciones. Inteligente, brillante, genial.
Cita inicial de las páginas 269-270.

26 enero 2016

El sabor de tus heridas - Victoria Álvarez



Edición: Lumen, 2016
Páginas: 416
ISBN: 9788426402684
Precio: 19,90 € (e-book: 11,99 €)

Dreaming Spires (2014-2016), una trilogía de aventuras, misterio y romance que bebe de la literatura gótica clásica, ha consolidado a Victoria Álvarez (Salamanca, 1985) como una de las escritoras más interesantes del género en España. La autora, doctora en Historia del Arte y profesora de la Universidad de Salamanca, se dio a conocer en 2011 con Hojas de dedalera, una novela sobre una joven médium en la Inglaterra victoriana, y poco después publicó Las eternas (2012), también de romance paranormal, esta vez ambientada en Venecia a principios del siglo XX. Si bien ambos libros tenían carencias, sus páginas dejaban entrever un buen pulso narrativo, una voz curtida en lecturas que sabe contar historias y solo necesita pulirse. Desde entonces, Victoria Álvarez ha mantenido su gusto por los temas paranormales y las pasiones turbulentas; aun así, en la trilogía se aprecia un notable crecimiento como narradora, tanto en la escritura (más depurada y ágil, sin excesos descriptivos) como en el entramado (mejor hilvanado, con las subtramas más equilibradas). Además, demuestra una voluntad de no encasillarse en lo puramente inglés, una voluntad de explorar otros ambientes, otras posibilidades que enriquezcan sus historias. Sí, sin duda Dreaming Spires es su mejor trabajo hasta el momento.

Todo comenzó con un viaje a un castillo irlandés en 1903. El profesor Alexander Quills, el tímido estudiante Oliver Saunders y el mujeriego Lionel Lennox, autores de la revista sobre fenómenos paranormales Dreaming Spires, abandonaron unos días su Oxford natal para investigar la presencia de una extraña criatura en un pueblecito irlandés. Al final, no solo desentrañaron el misterio, sino que la experiencia marcó un antes y un después en las vidas de todos ellos, tal como se narra en Tu nombre después de la lluvia (2014), el primer volumen de esta trilogía. En Irlanda, precisamente, entró en escena la enigmática señorita Stirling, por aquel entonces un personaje secundario que asume el rol de antagonista, aunque su papel se hace más complejo a medida que la saga avanza. En la segunda parte, Contra la fuerza del viento (2015), encontramos a los protagonistas más maduros: han pasado dos años desde la aventura irlandesa y parecen más asentados. En esta ocasión, les toca poner rumbo a una plantación de Nueva Orleans, donde les espera el caso de un supuesto barco fantasma. Y, de nuevo, Stirling está por en medio. El desenlace también supone cambios importantes para ellos, unos cambios que ahora se reflejan en El sabor de tus heridas (2016).
Karlovy Vary
La historia de El sabor de tus heridas se sitúa en la Navidad de 1909, unos años después de su última investigación. Esta vez la vida no ha tratado nada bien a los protagonistas y, por si fuera poco, están algo distanciados. No obstante, se verán obligados a juntarse, y no para desentrañar un misterio, sino para salvarse a sí mismos y a las personas que más quieren. Ha llegado la hora de la verdad: el príncipe Dragomirásky ha ido más lejos que nunca y los de Oxford —Alexander, Oliver, Lionel y Veronica— no pueden permitir que se salga con la suya. Ni los de Oxford, ni otros enemigos del príncipe que se cruzarán en su camino. También la señorita Stirling se enfrenta a un gran peligro. Los sucesos los llevarán de Oxford a París, donde comienza su misión, y de ahí a Karlovy Vary, cerca de Praga. Y, aunque emprenden el viaje pensando en su futuro, la búsqueda los obligará a mirar hacia el pasado, hacia los orígenes de la estirpe Dragomirásky, para tratar de entender al fin su particular pacto faustiano… y cómo acabar con él.
Por la naturaleza de la trama —ya no investigan un caso como un grupo de detectives, sino que ellos mismos se convierten en protagonistas de una novela de acción—, este volumen tiene un ritmo más trepidante que los anteriores y abundan las escenas de alta tensión (enfrentamientos, tiroteos, persecuciones). Ahora no se trata de ir desentrañando pistas, de menos a más, puesto que desde el principio se ven envueltos en un enredo que los deja intranquilos. Con todo, estos «efectos especiales» no son lo más interesante de la novela —lo que no quita que entretengan mucho y sean muy eficaces para mantener la atención—. No, lo más interesante no está en los hechos concretos, sino en la evolución psicológica de la señorita Stirling. La hemos conocido en muchas facetas: la villana, la femme fatale, la niña vulnerable, la mujer enamorada, la sierva encadenada. La autora ha sabido mostrar esas transiciones hasta el punto de convertirla en el centro de la obra, por delante de los tres hombres, que de entrada parecían los protagonistas. Todos experimentan cambios, es cierto, pero ninguno brilla como ella, ninguno pasa por tantas etapas, ninguno tiene su carácter, esa fuerte personalidad que sin embargo esconde fisuras, matices, recovecos. Al pensar en la trilogía en conjunto, Stirling sobresale como la esencia de Dreaming Spires.
Victoria Álvarez
¿Y qué más? La autora vuelve a sorprender con la recreación de lugares alejados de la ficción española —el París bohemio de principios del siglo XX y las ruinas de Karlovy Vary— y, por supuesto, hay fenómenos paranormales, romances (conocidos e inesperados) y algún que otro secreto. Todos los cabos quedan bien atados y se enlaza con lo ocurrido en los libros anteriores, cosa que demuestra que Victoria Álvarez tenía claro desde el principio lo que quería contar y no ha estirado el hilo en vano. La trilogía se cierra con esa esperada batalla del Bien contra el Mal, que (no podía ser de otra manera) se cobra algunas víctimas. En suma, El sabor de tus heridas es un buen final para Dreaming Spires, a pesar de que, valorándolo de forma individual, no es el mejor libro de la saga (no supera Contra la fuerza del viento, el paso adelante más significativo que ha hecho la autora en cuanto a despliegue narrativo y evolución de los personajes). En fin, echaremos de menos a Stirling y a todo el equipo de Dreaming Spires…, pero tampoco hay que estar tristes, porque Victoria Álvarez tiene cuerda para rato y seguro que seguirá superándose.
Fotografía de Karlovy Vary del Facebook de la autora.

27 enero 2015

Contra la fuerza del viento - Victoria Álvarez



Edición: Lumen, 2015
Páginas: 528
ISBN: 9788426401526
Precio: 20,90 € (e-book: 11,99 €)
En todas las épocas hay escritores que tratan de renovar la literatura, mientras que otros se mantienen fieles a la tradición y la enriquecen. Victoria Álvarez (Salamanca, 1985) se encuentra entre estos últimos, aunque no retoma precisamente la narrativa española del siglo XX, sino el suspense, las aventuras y las pasiones de la producción inglesa decimonónica. Su obra es la de alguien que ha leído, y leído bien, a autores como Wilkie Collins, Edgar Allan Poe y Oscar Wilde. Su novela más reciente, Contra la fuerza del viento (2015), narra un nuevo caso de los periodistas del Dreaming Spires, que ya protagonizaron Tu nombre después de la lluvia (2014) —reeditado ahora con la cubierta que se puede ver a la derecha—, en el que viajaron a un pueblo irlandés para resolver un suceso relacionado con una criatura mitológica. En 1905, dos años después de aquella investigación, reciben otro encargo en el que se reencuentran con la misteriosa señorita Stirling, que sigue reacia a hablar de sí misma. O, al menos, eso pretende aparentar.
El transatlántico en el que viajan
En esta ocasión, los protagonistas deben marcharse de Oxford para cruzar el Atlántico rumbo a una aldea de Nueva Orleans, donde esperan esclarecer el inquietante caso de un bergantín hundido, el Perséfone, que naufragó en el río Mississippi en 1862, un recuerdo que todavía sigue muy vivo en la memoria de los lugareños supersticiosos. Con la excelente organización de la trama que ya demostró en Tu nombre después de la lluvia, Álvarez combina el progreso de las historias de los protagonistas con la introducción de un escenario diferente, con sus propios personajes y enredos, que constituye el cuerpo de esta segunda parte de la saga. En este sentido, sobresale la forma de relacionar el pasado con el presente, a través de las conversaciones con testigos de los hechos y recuerdos materiales, un método similar al de Kate Morton. El resultado es una novela que contiene muchas historias en una, ya que, al investigar el Perséfone, descubren la época de esplendor de la plantación de la familia del capitán del barco, su complicada situación amorosa y las supuestas prácticas de brujería de algunos aldeanos.
La plantación de Nueva Orleans
La evolución de los protagonistas resulta asimismo sobresaliente. En primer lugar, la autora acierta al decidir que transcurran unos años desde la aventura anterior, porque el paso del tiempo ha provocado cambios en las vidas de los protagonistas, unos cambios que los hacen más interesantes y evitan que su papel en Contra la fuerza del viento sea idéntico al de antes (el más destacable es Oliver, que se ha convertido en escritor). No obstante, algunos de ellos no solo se robustecen como personajes por su presente, sino por lo que se desvela de su pasado (el capítulo sobre los orígenes de Stirling es uno de los más hermosos de la saga, y lo relativo a Oliver también está muy bien encontrado). Además, Veronica, la sobrina rebelde de Alexander, justifica su presencia como secundaria de oro al acompañarlos en su viaje y ejercer de contrapunto de la sofisticada Stirling. El contraste de caracteres funciona a la perfección (la seductora Stirling, el guasón Lionel, el tímido Oliver, el serio Alexander, la inquieta Veronica, etc.) y enriquece la novela, porque genera momentos muy variados, con predominio de los diálogos chispeantes durante la investigación en sí y las escenas románticas y conmovedoras en los puntos álgidos. Un cóctel para emocionarse y pasarlo en grande.
La Casa de las Orquídeas
En suma, Álvarez vuelve a construir una novela gótica de aventuras, romances apasionados e intriga que guarda muchos paralelismos con la anterior, a saber: la alternancia de las tramas personales (esta vez el protagonismo se lo llevan Stirling y Lionel, pero no descuida a ninguno) con la resolución del misterio paranormal (la banshee en Tu nombre después de la lluvia, el barco en Contra la fuerza del viento); los personajes arquetípicos que se complementan; el viaje a un lugar lejano que le permite recrear otro paisaje espléndido (del castillo irlandés a la plantación de Nueva Orleans) e incluso incorporar algún tema de carácter social (esclavitud); el desarrollo, en pequeñas pero contundentes dosis, de cuestiones importantes para el conjunto de la saga (relacionadas, sobre todo, con Stirling y lo que esconde); y, por último, la elegancia del estilo, el gusto por el romanticismo y las descripciones de obras de arte y vestidos, aunque, hay que advertirlo, esta delicadeza no está reñida con la narración de acciones perversas.
Victoria Álvarez
Por si fuera poco, se aprecia una evolución notable con respecto a la primera parte: ha ganado fluidez, va más al grano y aún es más entretenida. También ha perfeccionado el manejo de varias tramas al mismo tiempo, con una estructura mucho más equilibrada que la de Tu nombre después de la lluvia (me reafirmo en lo que dije en aquella reseña: Álvarez es una gran arquitecta de historias). Del exceso de sentimentalismo de su debut, Hojas de dedalera (2011), ya no queda ni rastro, porque el amor exaltado se compensa con el suspense y las otras vivencias personales que refuerzan la obra. Cuánto ha crecido la autora desde sus inicios, qué cantidad de recursos ha incorporado a su repertorio y qué bien ha pulido su estilo. Contra la fuerza del viento tiene todos los ingredientes de un buen page-turner, un libro que divierte, apasiona, enternece, engancha… y deja con la boca abierta después de un desenlace sobrecogedor. Fascinante.
Imágenes del Facebook de la autora, inspiradas en los escenarios de la novela.

24 febrero 2014

Tu nombre después de la lluvia - Victoria Álvarez



Edición: Lumen, 2014
Páginas: 584
ISBN: 9788426400079
Precio: 22,90 € (e-book: 11,99 €)

El paisaje lluvioso de una pequeña localidad irlandesa, evocador de la mitología celta, es el lugar elegido por Victoria Álvarez (Salamanca, 1985) para desarrollar su última novela. Después de recrear el lado más espiritual de la época victoriana en Hojas de dedalera (2011) y de trasladarnos a una tenebrosa Venecia de principios del siglo XX en Las eternas (2012), esta joven historiadora del arte se sigue aproximando a escenarios alejados de nuestra ficción con mucho estilo, elegancia y buen humor. La historia de Tu nombre después de la lluvia comienza en la ciudad de Oxford en 1903, cuando tres amigos encargados de una publicación sobre fenómenos paranormales reciben la carta de una mujer que los insta a viajar a su pueblo para investigar unos extraños sucesos. Los protagonistas, que se llaman Alexander Quills, Lionel Lennox y Oliver Saunders, emprenden una aventura que, al final, les afectará en lo personal mucho más de lo que esperaban.
Quizá la habilidad más destacable de Victoria Álvarez reside en su forma de hilvanar la trama, dosificando la información y asegurándose de mantener la intriga; es una gran arquitecta de historias. En este sentido, se nota una evolución desde sus primeras obras: mientras que Hojas de dedalera pecaba de extenderse demasiado en un romance edulcorado durante algunos capítulos, en Tu nombre después de la lluvia ha logrado un buen equilibrio de amor, misterio y acción, sin pasarse ni quedarse corta en nada. Si Hojas de dedalera y Las eternas empezaban bien, pero en ciertos momentos se estancaban, aquí ocurre lo contrario: va de menos a más, la tensión aumenta a medida que los personajes se involucran en el caso. Se nota que la narración está mucho más depurada: conserva su gusto exquisito por la descripción y los detalles, que invitan a soñar con vestidos espléndidos y atmósferas de ensueño, pero sin excesos; ha ganado agilidad y precisión. Los diálogos funcionan mejor que nunca.
Por otro lado, no se puede hablar de esta novela sin mencionar el brillante trabajo de recreación del periodo. No solo de Irlanda: también hay escenas en Oxford y (mi debilidad) en Egipto. Desde los colleges de la ciudad inglesa hasta las estatuas del patio del castillo irlandés, pasando por la tumba de una princesa egipcia, la autora traslada al lector a unos ambientes de lo más sugestivos (para que luego digan que los escritores españoles solo escriben sobre la guerra civil). Además, el suspense se relaciona con el folclore de la zona, unas creencias de raíces medievales muy arraigadas en la sociedad de la época que se plantean con más sutileza que los temas paranormales de sus libros anteriores. Aunque la trama principal queda cerrada, todo apunta a que la autora seguirá escribiendo historias sobre estos personajes en las que podría utilizar los otros espacios mencionados.
Otro aspecto que sobresale en relación con sus novelas previas es la apuesta por tres protagonistas masculinos en detrimento de la única protagonista de Hojas de dedalera y el dúo chico-chica de Las eternas. Los tres, además, tienen edades y circunstancias diferentes: Alexander, el líder del grupo, perdió hace poco a su esposa y a su hija; Lionel, por su parte, es un aventurero amante del riesgo y de las faldas; y Oliver, el más joven, un chico tímido de origen humilde que pasa las horas encerrado en la residencia de la facultad. Cada uno aporta su granito de arena para hacer de Tu nombre después de la lluvia una novela bastante completa: la madurez de Alexander, el sentido del humor y la pasión de Lionel, la candidez de Oliver. Conforman un trío que se complementa estupendamente, pero no penséis que están solos: también hay mujeres, por supuesto, y alguna muy interesante. Eso sí, no todas tienen buenas intenciones.
Victoria Álvarez
Con Tu nombre después de la lluvia, Victoria Álvarez ha dado un gran paso adelante: muchas trabas de su trabajo anterior se han solventado y demuestra una mayor ambición en la construcción de un entramado más rico. Su novela es de las que animan a seguir pasando páginas, porque tiene un ritmo trepidante y transmite los sentimientos necesarios para conseguir la empatía del lector. La obra denota influencias de los maestros del siglo XIX (Charles Dickens, Wilkie Collins, Oscar Wilde…), a los que se hacen algunos guiños. Creo que cumplirá las expectativas de los seguidores de autoras como Kate Morton y Diane Setterfield, puesto que hay afinidad entre ellas en el uso de emociones fuertes y romances apasionados en un marco del pasado típicamente inglés; aunque, como es lógico, cada autora aporta su propio sello y el de Victoria Álvarez pasa por lo paranormal. Sin duda, su mejor novela hasta la fecha.

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