Edición: Debolsillo, 2014 (trad. Laura Martín de Dios)
Páginas: 544
ISBN: 9788499088075
Precio: 9,95 € (e-book: 6,99 €)
Leí
esta novela cuando se publicó en España, poco antes de la Navidad de 2007. El
recuerdo que tengo más presente ahora, seis años después, es la capacidad del
autor para utilizar un marco histórico tan sobado como la Alemania nazi para
narrar una historia que, al contrario de lo que podría aparentar, resulta
refrescante y muy distinta a las sagas familiares de corte sentimental
ambientadas en este periodo. Está protagonizada por Liesel, una niña que vive
con sus padres de acogida en un barrio humilde de Molching, en los alrededores
de Múnich. De entrada, parece una muchacha corriente que lleva el mismo estilo
de vida que otros niños, pero Liesel tiene una afición particular: le gusta robar libros. Lo empezó a
hacer cuando aún no sabía leer, ya que para ella los libros son mucho más que
lo que esconden entre sus páginas: se convierten en símbolos de cada etapa vital y, más tarde, le proporcionan las
palabras que devienen fundamentales para su existencia.
Sin
embargo, lo más sorprendente de La
ladrona de libros no es su carácter de libro sobre libros (aunque en su
momento este «género» no estaba tan extendido como ahora), sino el punto de
vista del narrador: una personificación
de la Muerte que cuenta esta aventura aderezándola con sus agudas
observaciones. No es una elección casual: la muerte, como la destrucción, el
miedo y otras emociones asociadas a ella, impregna las páginas de esta novela,
porque los años pasan y la situación se vuelve cada vez más complicada. Es un contraste
curioso: la inocencia de la infancia, con sus correspondientes descubrimientos,
narrada desde los ojos de aquello que está al final, cuando todo ha terminado.
El Dios que todo lo ve no es un Dios bondadoso; es la Muerte.
La
trama de la obra relata las vivencias de Liesel con su familia de acogida, su
amigo Rudy y un joven judío que permanece escondido, todos ellos con un perfil psicológico
bastante rico. Zusak abarca un poco de todo: las relaciones familiares (el difícil carácter de la madre, la
ternura del padre), la amistad en la
niñez (complicidad con Rudy, el paralelismo entre sus vidas) y, por
supuesto, las consecuencias del nazismo,
con una referencia interesante a Jesse Owens. A pesar de la cínica Muerte, la
novela adquiere progresivamente una intensidad
emocional significativa: la guerra avanza, el peligro aumenta y el círculo
se cierra con un desenlace que se puede calificar de conmovedor. No obstante,
el tono distendido de la narración, la franqueza de una Muerte que no siente la
necesidad de mostrarse compasiva, evita que se caiga en el dramatismo. He aquí el
acierto de este enfoque para renovar la mirada del lector hacia los sucesos
acontecidos durante la Segunda Guerra Mundial.![]() |
| Markus Zusak |
Con
La ladrona de libros, el australiano
Markus Zusak (1975) se convirtió en un escritor de éxito internacional, y no es de extrañar, puesto que, además de
tener un estilo ágil, con abundante diálogo y de fácil lectura, la novela posee
la suficiente originalidad para
interesar a lectores que no manifiesten necesariamente una inclinación por la
ficción sobre esta época. La frescura de la voz, el componente libresco y el
valor sobre la importancia de permanecer unidos ante las circunstancias duras
trascienden la vertiente puramente histórica. En estos momentos se está
hablando mucho de La ladrona de libros
por la reciente adaptación al cine
de Brian Percival, de modo que es una buena oportunidad para acercarse al libro
en el que se basa en caso de no haberlo hecho aún. La siguiente novela de Zusak
se está haciendo de rogar, pero durante la espera es posible leer su libro anterior,
publicado en castellano como Cartas
cruzadas (2011).


Los libros que recrean una infancia dura siempre me han interesado. En general, transmiten