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28 abril 2018

El hundimiento del muelle - Mark Haddon


Edición: Malpaso, 2018 (trad. Jaime Blasco Castiñeira)
Páginas: 320
ISBN: 9788417081553
Precio: 18,00 € (e-book: 7,99 €)
Leído en versión original (The Pier Falls). Puede que algunos títulos no coincidan.

El éxito apabullante de una novela puede hacer que el nombre de su autor quede unido para siempre a ese título, sobre todo si se trata de la obra con que se dio a conocer. Esto no tiene nada de «malo», en principio, pero deja en un lugar secundario el resto de su producción, en la que quizá haya otras propuestas interesantes. Ese es el caso del británico Mark Haddon (Northampton, 1962), que con El curioso incidente del perro a medianoche (2003) vendió más de un millón de ejemplares. Antes de eso, ya había debutado como escritor de literatura infantil, donde cuenta con una larga trayectoria. Sus libros para adultos posteriores pasaron desapercibidos, y ahora llega a las librerías españolas El hundimiento del muelle (2016), nueve relatos que vuelven a demostrar su calidad literaria y lo revelan como un narrador versátil. Del realismo a la mitología, pasando por las aventuras o el misterio gótico, con un punto en común: los personajes torturados y solitarios, que por causas distintas se enfrentan a circunstancias extremas.
El primero, «El hundimiento del muelle», es una declaración de intenciones: el verano de 1970, una construcción portuaria se derrumba. Como una crónica del desastre, da forma poética al caos: el aumento de víctimas con el paso de las horas, las familias destruidas, el personal médico superado. Después, las secuelas y los vínculos entre supervivientes. Sin ser el mejor, plantea una situación límite para el ser humano, un motivo que será una constante en el libro. En otros casos, el conflicto no se debe a un accidente, sino a la acción individual, como en «La pistola», donde un juego de niños puede convertirse en tragedia cuando uno amenaza a otro con un arma de fuego. Este cuento ahonda en la crueldad infantil y, por extensión, en cómo se forja esa sed de dominio, de suscitar miedo. Al igual que en el primer relato, se hace un salto temporal para conocer cómo han asumido el incidente cuando ya son adultos.
Si El curioso incidente del perro a medianoche se centraba en un personaje autista, en estos cuentos los marginados por la sociedad vuelven a estar presentes, y establecen unas relaciones con sus semejantes un tanto extrañas. En «Bunny», un chico con obesidad mórbida se ha resignado a vivir solo hasta que, por casualidad, una mujer entra en su vida. Aunque no tienen una relación sentimental como tal, ambos se hacen muestras cariño y ella le regala galletas. La madre de él, preocupada, cree que lo está matando. A medida que el joven empeora, su amiga está ahí para cuidarlo. Este relato, uno de los mejores, pone de manifiesto la complejidad de los lazos afectivos, entre el amor que alienta y la adicción que destruye. En «Respira», una mujer regresa a casa de su madre después de romper con su novia. Encuentra a su progenitora rodeada de basura. La hermana, por su parte, le recrimina que haya tardado en volver. En medio de las desavenencias familiares, y con la ruptura aún no superada, la protagonista trata de hacerse cargo de su madre. Los personajes de «El vertedero» también buscan un nuevo comienzo: un hombre al que su esposa acaba de dejar rescata a una chica que ha intentado suicidarse. Después, surge una complicidad singular entre ellos.
Otros relatos tienen resonancias mitológicas, sin perder la esencia de Mark Haddon, es decir, esa fijación por los personajes desamparados y la violencia. En «La isla», una versión del mito de Ariadna, una princesa sufre un desengaño amoroso y lo pierde todo. Empieza de cero en una isla, sin lujos ni compañía. Cuando por fin comienza a adaptarse, descubre que no está sola; el peligro la acecha. Entre líneas, se puede leer como una denuncia de la falta de protección de las mujeres frente a los abusos de los hombres. Por otro lado, mi preferido, «Wodwo» (cuyo título alude a una especie de espíritu siniestro de la mitología celta), recuerda un poco al Cuento de Navidad de Dickens. En Nochebuena, un extraño de aspecto andrajoso irrumpe en la cena de una familia. El visitante pide hospitalidad, pero no se conforma con comida. Los invita a jugar: saca una pistola y la deja sobre la mesa. Lo que ocurre a continuación, una historia de caída y redención, lo convierte en un relato de horror gótico magistral.
Hay asimismo relatos de aventuras macabras en escenarios exóticos y futuristas. En «El pájaro carpintero y el lobo», un grupo emprende una expedición a Marte, pero no va bien y mueren uno detrás del otro. Solo sobrevive una mujer, la encargada de operar a uno de sus compañeros, que nunca logra superar el trauma (otra vez el «después» de una catástrofe; el daño no termina con el suceso). «Los chicos que abandonaron el hogar para aprender el miedo», el único narrado en primera persona, consiste en el manuscrito de un joven aristócrata que, ávido de emociones fuertes, participó en una incursión en la jungla que salió mal. Él también es un superviviente y pone por escrito sus vivencias para que no se olviden. Por su naturaleza de viaje iniciático que se torna adverso y oscuro, se asemeja a El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad.
Mark Haddon
A pesar del carácter sombrío de los cuentos, Haddon no se va por el sentimentalismo, sino que eleva la tragedia a literatura de alto nivel. Su estilo elegante, pulcro y contenido produce una sensación de distanciamiento que compensa el dramatismo. Es explícito en lo impúdico, pero lo cuenta de una manera que incluso lo escabroso está revestido de una suerte de distinción. Domina todos los registros (de la ternura de «La isla» y «El vertedero» a la tensión psicológica de «Wodwo») y los desenlaces buscan la catarsis liberadora. Puede leerse como una compilación sobre el dolor, la soledad y la pérdida, sobre el instinto de supervivencia y los episodios traumáticos, disfrazados, eso sí, de una narrativa rica en procedimientos y tonos. Es una demostración de que se puede explorar la fragilidad y la violencia desde enfoques diversos y sin renunciar a la imaginación. Un libro muy recomendable.


27 julio 2012

La mujer de papel - Rabih Alameddine

Edición: Lumen, 2012
ISBN
: 9788426420725
Páginas
: 336
Precio
: 21,90 €

De repente la noche se iluminó con la luz de una dama. No era bella ni joven, pero sí culta, serena y de mente inquieta. Se llamaba Aaliya, y era obra de la imaginación de Rabih Alameddine (1959), un escritor libanés en lengua inglesa que en 2008 se ganó el aplauso de la crítica y los lectores con la novela El contador de historias. Aun así, lo cierto es que le costó tomar la decisión de dedicarse a la literatura: pasó años trabajando en ámbitos tan dispares como la ingeniería, la psicología y la pintura. Ahora esa variedad de intereses cobra sentido, porque al igual que él, Aaliya es una persona cultivada y con espíritu crítico que nos regala una parte de su ser en esta lúcida historia. Seguid leyendo, por favor: no os arrepentiréis de conocer a La mujer de papel.

Aaliya, la mujer de papel

Hace ya mucho tiempo que me abandoné a una lujuria ciega por la palabra escrita. La literatura es mi caja de arena. En ella juego, construyo mis fuertes y castillos, me lo paso en grande. Lo que me da problemas es el mundo que hay fuera de ese parque. Me he adaptado dócilmente, aunque no de manera convencional, a ese mundo visible para poder retirarme sin muchos inconvenientes a mi mundo de libros. Para continuar con la metáfora, si la literatura es mi cajón de arena, el mundo real es mi reloj de arena, un reloj que se vacía grano a grano. La literatura me da vida, y la vida me mata. (Pág. 15).

Aaliya, mi querida Aaliya, mi amiga Aaliya; esta anciana beirutí me ha robado el corazón. En apariencia no tengo nada en común con ella, pero compartimos algo sin lo que ninguna de las dos podría vivir: el amor por la literatura. Aaliya no pasa las horas haciendo calceta ni cocinando, sino que se dedica a leer y a traducir grandes obras de la literatura, por voluntad propia y sin que nadie lo sepa (¿a quién podrían interesar las traducciones de una vieja sin formación?). Es una mujer solitaria que vive por y para los libros, que llenan su piso de Beirut.

Como nos suele ocurrir a los que leemos con fruición, desde fuera parece una señora tranquila y un poco extraña. ¿Por qué no se relaciona con sus vecinas? ¿Por qué no disfruta con las mismas actividades que la mayoría de la gente? Pero a Aaliya poco le importa todo eso, la palabra escrita es su vida y en ella se sumerge para deleitarse de la realidad a su manera. En La mujer de papel nos cuenta en primera persona su historia, con un tono cargado de sentido del humor y a la vez de la melancolía más profunda. Relata su existencia sin un orden lineal, como si hablara con un interlocutor, enlaza los temas a medida que surgen, salta de un momento vital a una reflexión sobre arte y juega tanto como quiere con la narración. Se lo puede permitir: su creador sabe captar el interés e hilar bien los temas, de modo que el texto se sigue (¡se devora!) sin problemas.

Beirut y las personas de su vida

Todos los beirutíes de cierta edad han aprendido que cuando salen a dar un paseo nunca deben dar por sentado que volverán a casa, no solo porque podría ocurrirles algo a ellos, sino también porque su casa podría dejar de existir. (Pág. 193).

Aunque los libros están muy presentes en La mujer de papel (por fuera y por dentro), en la obra también hay un lugar para las relaciones personales. Somos lo que somos gracias a nuestra interacción con los demás, y Aaliya no es una excepción: hay gente y circunstancias que han dejado huella en ella, para bien o para mal, y las recuerda con total honestidad. Esta anciana no tuvo una vida fácil: se divorció en los años cincuenta y ha presenciado muchos años de guerra, pero por fortuna sus memorias carecen de dramatismo, sabe reírse de sí misma y de las cosas que le han pasado. ¿Cómo no me va a caer bien, eh?

Para empezar, Aaliya ha crecido en Beirut, un escenario difícil e imprevisible que seguramente los occidentales somos incapaces de imaginar. Nuestra protagonista vive sin comodidades que para nosotros resultan básicas, y lo que es peor, ha pasado por etapas en las que permanecer en la ciudad era muy inseguro, aunque aun así se aferró a ella con todas sus consecuencias. En este contexto es donde ha conocido a las personas que la han marcado, desde su madre y sus hermanastros, que nunca la apreciaron demasiado, a su querida amiga Hanna, cuyo recuerdo continúa presente en Aaliya. También merecen una mención su ex marido, al que se refiere con mucha ironía, y sus vecinas (las brujas), a las que vigila a escondidas.

A todo esto, los días de Aaliya no siempre se han limitado a la monotonía del piso y las traducciones: durante años trabajó en una librería, y a través de los libros compensó el haber tenido que abandonar los estudios de forma prematura. Allí pasó muchos ratos junto a Hanna, momentos de lectura y aprendizaje compartido, y no fue la única que la acompañó en el local. La vida de Aaliya comprende desde situaciones cotidianas sosegadas a instantes en los que tuvo que darlo todo para sentirse a salvo; no se la puede describir como una Juana de Arco, pero es una heroína a su modo.

Un canto a la literatura y a la cultura en general

Y todavía hay más. Los libros de la protagonista no son un mero decorado: Aaliya hace referencias filosóficas, mitológicas, artísticas, musicales y, por supuesto, literarias (entre las que se incluyen dos escritores españoles contemporáneos: Javier Marías y Antonio Muñoz Molina), toda una demostración de una amplia cultura que se muestra sin alarde, tan solo como su particular forma de entender este mundo. Quien no comparta su interés por aprender seguramente se sentirá perdido entre tantos nombres, pero si sois como ella, creedme: vais a saborear cada una de estas palabras como el alimento más delicioso.

En ocasiones las menciones derivan en reflexiones inteligentes y fundamentadas. Recuerdo especialmente su crítica al recurso de la causalidad, que considera que no refleja en absoluto la realidad. También habla de la traducción, de su forma de hacerla (tiene su propio ritual: a partir de las traducciones al inglés y al francés escribe su interpretación al árabe) y de las dificultades que conlleva; en este sentido, me ha abierto nuevas perspectivas, me ha enseñado lo complejo (y al mismo tiempo apasionante) que es. Por último, quiero destacar su rechazo al uso de catarsis en la literatura actual (ella las llama epifanías), que reproduzco a continuación:

La mayoría de libros que se publican actualmente se componen de una serie de lamentos seguidos de una epifanía y una trascendencia. A esas memorias y novelas con revelaciones íntimas podríamos llamarlas “tragedias felices” . Lo superaremos y todo eso. Yo las encuentro sentimentales y aburridas. Son la versión moderna de las vidas de santos, con relatos ejemplares de sufrimiento que precede a la redención, pero menos interesantes porque nosotros ya no tenemos libidinosos centuriones romanos que acosan a sensuales mártires vírgenes y golpean sus pechos turgentes y voluptuosos pero eternamente puros; menos interesantes porque, en lugar de ascender a un cielo suntuoso donde recibimos Su abrazo, hoy día lo único que conseguimos es una miserable epifanía.
Me parece un timo. ¿A vosotros no? (Pág. 164-165).

En general, La mujer de papel me ha recordado mucho a Firmin, la rata bibliobulímica de Sam Savage. Como Firmin, Aaliya vive inmersa en los libros, son sus amigos, sus compañeros, y habla de ellos sin cesar. Además, ambos personajes me han transmitido ternura, me han hecho llegar su amor por la literatura y me han dejado con una sonrisa en los labios (aun así, La mujer de papel me ha gustado más, tal vez porque ahora estoy más preparada para afrontar una historia como esta). Por todo esto creo que disfrutarán de la novela quienes se interesen por el mundo literario y las humanidades en conjunto.

Colorín colorado

Rabih Alameddine
Conocer a Aaliya ha sido la mejor experiencia literaria que he vivido en lo que va de año. O, por expresarlo de una forma más simple, La mujer de papel está entre mis mejores lecturas de este 2012. Una obra brillante en contenido y magnífica en edición, sin erratas ni faltas de ortografía; da gusto encontrar un libro tan bueno por dentro y tan cuidado en lo demás. De todas formas, no voy a caer en el error de recomendarlo a todo el mundo: La mujer de papel es para lectores curtidos y críticos, amantes de la buena literatura; si cayera en manos de un lector ocasional o que solo busque entretenimiento, probablemente le defraudaría por la ausencia de un hilo lineal y por la gran cantidad de referencias que contiene. En definitiva, si creéis que podéis disfrutar de esta historia, corred a la librería y preparaos para adentraros en las entrañas de Aaliya: ojalá deje tanta huella en vosotros como lo ha hecho en mí.

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