12 octubre 2014

Problemas del primer mundo - Laura Pacheco



Edición: Lumen, 2014
Páginas: 160
ISBN: 9788426401472
Precio: 14,90 € (e-book: 6,99 €)

La historietista Laura Pacheco (Almería, 1984) se dio a conocer a mediados de 2011 con el webcómic Let’s Pacheco!, en el que convertía las anécdotas de su familia (el padre, la madre, la hermana y ella misma) en divertidas viñetas que enseguida cautivaron a muchos lectores, aficionados o no al humor gráfico. La autora, que emprendió el proyecto después de quedarse en paro (trabajaba como restauradora de obras de arte), no tardó en dar el salto al papel con Una semana en familia (¡Caramba!, 2011) y Señor Pacheco: agente secreto (¡Caramba!, 2013), además de colaborar de forma semanal con publicaciones como el suplemento S Moda del diario El País. Al igual que Raquel Córcoles (Moderna de pueblo) y Agustina Guerrero (Diario de una volátil), Pacheco ha sobresalido primero en la red y luego ha despertado el interés de las editoriales, invirtiendo, de este modo, el circuito tradicional de la cultura.
Problemas del primer mundo (Lumen, 2014) es una recopilación, con material inédito, de las tiras que han aparecido en el mencionado periódico durante tres años. Los protagonistas ya no son los miembros del clan Pacheco, sino mujeres jóvenes ficticias (y algún hombre) que lidian con las pequeñas contradicciones de la vida contemporánea. Las novedades tecnológicas, los propósitos (fallidos) de año nuevo, el reciclaje, las peculiaridades de la moda y las aburridas cenas de empresa son algunas de las cuestiones planteadas en este fantástico despliegue de ingenio para reírnos de nosotros mismos, de aquellas tonterías que hacen el día a día más alegre. El humor de Pacheco carece de pretensiones satíricas o moralizantes; destaca por ser conciliador, suave, un humor más cercano a la sonrisa cómplice que a la carcajada alocada, y de marcado carácter femenino por el enfoque con el que mira los temas.
El estilo del dibujo va acorde con la elegancia de su contenido: un trazo limpio, firme, sin estridencias y con gusto por los colores cálidos. Las figuras, de aspecto fino y estilizado, sobresalen por la expresividad de los rostros, además de por la cuidada elección de complementos y ropa actuales. Sus personajes son chicas de hoy con el aspecto de una chica de hoy; no deforma su imagen para caricaturizarla. Se aprecia una considerable evolución desde sus primeros cómics: los contornos están mejor definidos, cuida el detalle, apuesta más por el colorido y utiliza escenarios variados (una oficina, una tienda, las estancias del hogar, la calle, el transporte público, etc.). Aunque sus viñetas familiares eran geniales, los Problemas del primer mundo le han ido muy bien para crecer como ilustradora.
Si alguna vez te has atascado con un nuevo programa informático, has sufrido por una mudanza, te has asombrado por lo rápido que aprende tu sobrino, has ido más cargado de la cuenta a la playa, has corrido para coger el autobús o has sufrido las largas colas de las rebajas, no lo dudes: los Problemas del primer mundo son para ti.
Y si aún no estás convencido, puedes ver más tiras aquí.

07 octubre 2014

El vigilante - Peter Terrin



Edición: Rayo verde, 2014 (trad. Maria Rosich)
Páginas: 224
ISBN: 9788415539780
Precio: 18 €
Leído en la trad. al catalán de Maria Rosich (Raig Verd, 2014).

En un futuro distópico del que apenas se proporciona información, dos vigilantes de un edificio de lujo se encuentran aislados en el aparcamiento. Cada movimiento que hacen está controlado, se les prohíbe relacionarse con los inquilinos y solo intercambian unas pocas palabras con el repartidor que les trae las provisiones de forma periódica. Michel y Harry, los vigilantes, desempeñan un cargo difícil: esperar, esperar en silencio a que suceda algo que les obligue a actuar, un algo de naturaleza incierta que, con todo, puede no producirse nunca. El desamparo aumenta cuando todos los residentes menos uno abandonan el centro sin que nadie les facilite nuevas instrucciones. ¿Ha ocurrido una desgracia en el exterior o sus superiores quieren ponerlos a prueba? En medio de esta incertidumbre, de esta calma tensa, las preguntas de los hombres se mezclan a menudo con la paranoia, la paranoia del encierro, la soledad y el miedo.
Peter Terrin (1968), escritor belga en lengua neerlandesa, plantea una ambiciosa metáfora del desasosiego contemporáneo en El vigilante (2009; Rayo verde, 2014), su novela más aclamada hasta el momento, con la que fue galardonado con el Premio de Literatura de la Unión Europea. En muchas reseñas se describe como un thriller psicológico, y lo es, pero esta etiqueta debe matizarse. El suspense se asocia a la acción, al ritmo vertiginoso —esa cualidad tan ensalzada por el marketing de las grandes editoriales—, y, sin embargo, la tensión de El vigilante reside en la quietud (que no sosiego). Los protagonistas están encerrados, su margen de movimientos se encuentra muy limitado y todos sus pasos, al menos hasta cierto momento, se limitan a una rutina plenamente interiorizada, como preparar la comida o asearse, una rutina que ha cobrado una gran importancia por la ausencia de otros quehaceres.
¿Dónde están, entonces, la angustia, el peligro y los demás rasgos propios del thriller? En la mente. En la mente del narrador, uno de los vigilantes. Los méritos de Terrin no están solo en la trama planteada, sino en todo lo que esta representa, unos temas que invitan a reflexionar sobre los problemas de la realidad contemporánea, como las consecuencias de la desinformación, la brutalidad que esconde el ser humano, la desconfianza hacia el otro, el pánico en una situación adversa. La sociedad tiende al individualismo, al trabajo a distancia,  y El vigilante lo lleva al extremo con esos hombres aislados que deben cumplir la orden tiránica de no preguntar. Dos hombres que ni siquiera tienen una relación estrecha entre ambos. ¿Y si, en el fondo, la disciplina, el silencio y los secretos nos hacen más débiles? La forma de relacionarse (o no) con los demás es otra de las claves del libro.
Peter Terrin
En suma, El vigilante es una novela extraña, desconcertante y oscura que parece decirnos que incluso lo más pequeño, lo más intrascendente, lo más trivial, se puede amplificar y cobrar una importancia vital cuando ciertos valores se han perdido o, mejor dicho, se han difuminado por la fuerza ejercida sobre el débil por parte de una organización omnipresente y ausente a la vez. Terrin desconcierta tanto a su público como a sus personajes: juega con la falta de datos, hace dudar hasta la última página y más allá, mezcla tiempos, vuelve loco al lector. Y esto es un mérito en sí mismo.

22 septiembre 2014

Marlene Dietrich - Franz Hessel



Edición: Errata naturae, 2014 (trad. Eva Scheuring; epílogo Manfred Flügge)
Páginas: 80
ISBN: 9788415217732
Precio: 10,50 €

Marlene Dietrich (1901-1992), uno de los rostros emblemáticos de la época dorada del cine, es el objeto de estudio del escritor e intelectual alemán Franz Hessel (1880-1941) en este libro breve, publicado por primera vez en 1931, cuando la actriz comenzaba a hacerse un nombre en el panorama internacional, pero ya era bien conocida en su país natal tras el estreno de El ángel azul (1930). Se trata, por lo tanto, de un retrato de juventud, un retrato a través de la mirada de un contemporáneo de la artista, de un hombre que la contempla con ojos cultivados, analíticos, razonados, aunque esos ojos derrochan, al mismo tiempo, el entusiasmo del admirador apasionado. Hessel, que además de publicar novelas magníficas como Romance en París (1920) y Berlín secreto (1927) se dedicó al periodismo, ofrece una aproximación a «la Dietrich» a medio camino entre la crónica y el estilo puramente literario.
Hessel comienza con una referencia al lugar de nacimiento de la artista, Berlín, donde dio sus primeros pasos en teatros y cabarets («Una joven alemana, hija de Berlín, se ha convertido en la estrella de Hollywood y Nueva York», pág. 7). Este detalle, que en otro autor significaría una mera ordenación cronológica, es crucial en la perspectiva de Hessel, ya que toda su obra se caracteriza por la fijación por una ciudad (sea Berlín, sea París), por los paseos por las avenidas y los ambientes bohemios. Teniendo esto en cuenta, no sorprende que los orígenes de Dietrich se revelen como fundamentales para entender su talento arrollador, como el sugestivo acento berlinés con el que hacía suyas las canciones, un aspecto con el que Hessel se muestra especialmente insistente. También hace referencia, asimismo, a la educación disciplinada que recibió por ser hija de un militar, que le facilitó la aplicación posterior en su profesión, y la formación musical e interpretativa desde la infancia.
En El ángel azul (1930).
Por ser su película más exitosa en Alemania en el momento de redactar estas páginas, Hessel presta bastante atención a El ángel azul y a partir de ahí analiza el tipo de papeles que interpreta: «Ya sea en el papel de dama o en el de prostituta, en el de conquistadora o en el de víctima, Marlene Dietrich siempre da vida a un sueño universal, como la heroína de una de sus películas; es la mujer que todos desean; todos, no éste o aquél, sino cada uno, el pueblo, el mundo, el tiempo» (pág. 9). En 1931 aún faltaban etapas importantes de la vida de la actriz, como las posteriores películas con Paramount y su firme posicionamiento en contra de la Segunda Guerra Mundial, y por eso mismo resulta asombroso que Hessel fuera capaz de pronosticar con tanta precisión que se convertiría en un mito del cine, que su llegada a Hollywood daría frutos y no sería un punto álgido pasajero.
En el último capítulo, el autor recuerda una visita que le hizo en su casa («en el cuarto de juegos de su hijita, entre una casa de muñecas y una tienda de juguete», pág. 55), donde intentó vislumbrar la faceta íntima de Marlene Dietrich, la mujer detrás de las luces y las cámaras, una mujer con «una expresión de melancolía y de soledad en el rostro» (pág. 60), según Hessel. La escena está impregnada de su lado maternal, con la niña jugando en la habitación. Dietrich tenía claro qué imagen quería transmitir al público: «Si considera oportuno relatar a la gente cosas de mi vida privada, entonces, por favor, dígale que ella —señaló a su hija— es lo más importante, es la razón de mi vida» (pág. 56-59). Y, en otra demostración de sensatez a pesar haber alcanzado la gloria, concluye que «La fama no tendrá que ver mucho con la felicidad y… la nostalgia nunca desaparece» (pág. 59).
Franz Hessel
El escritor Manfred Flügge, en un epílogo de 1992, traza un curioso paralelismo entre las vidas del autor y la actriz (la vinculación de ambos con París, por ejemplo), y reivindica el valor de Hessel para defender (y halagar) a Dietrich cuando el éxito provocaba desconfianza, se sospechaba que la celebridad se debía más a la publicidad que las aptitudes (de hecho, esta postura escéptica hacia el triunfador aún está muy extendida). Por este motivo, este librito no solo permite conocer mejor a un mito del cine, sino que es un ejemplo de buen retrato, de retrato elogioso y, no obstante, lúcido y reflexivo, unas características que nunca deberían estar reñidas entre ellas. Esta edición cuenta, además, con numerosas fotografías y una excelente traducción anotada de Eva Scheuring. Para no perder detalle.

18 septiembre 2014

A ti, escritor que me pides que te lea





Entre los autores, sobre todo (pero no exclusivamente) autopublicados, existe la costumbre de contactar con el bloguero para que lea y comente su libro, o para que al menos comparta la sinopsis. Un ejemplo real de un correo reciente: «Soy el autor de […], necesito tu ayuda para promocionarlo, por ende te pido que lo evalúes y le realices una crítica». A continuación, me indica dónde lo puedo comprar. Casi nada. Si el bloguero acepta, perfecto. Ahora bien, no todos estamos dispuestos a hacerlo (y lo dejamos claro por adelantado), algo que muchos escritores no entienden e incluso se toman como una ofensa.

Dejémoslo claro: los blogs no tienen como finalidad la promoción de libros, al contrario de lo que algunos autores creen. La prioridad del bloguero, por lo general, es entretenerse, opinar sobre obras que le interesan y charlar con otros lectores; la promoción surge como consecuencia indirecta de todo ello. Los blogs son un pasatiempo, ni un trabajo, ni una obligación, de modo que el bloguero no tiene por qué asumir compromisos con ningún autor. Puedo comprender las dificultades del escritor novel para darse a conocer, pero es ingenuo pensar que el rumbo de una novela cambiará de forma drástica por algunas menciones en los blogs. El éxito depende de muchos factores, y la blogosfera solo es uno de ellos.

Otro error se fundamenta en la suposición de que, por ser ávidos lectores, los blogueros queremos leerlo todo, nos interesa todo y lo reseñamos todo. Y no. Se publica mucho, muchísimo, y cada uno selecciona. Gran parte de lo que me ofrecen no entra en mi selección (porque tengo otras preferencias, simplemente). Sin embargo, algunos escritores se toman la negativa como un desprecio, hay quien me ha tachado de «mala lectora» por no leer de todo y de «poco generosa» por no «apoyar» a los autores noveles (qué poco me han leído). Publicar una novela implica aceptar que no interesará a todo el mundo, así que presionar a alguien para que la lea, o escribirle dando por hecho que lo hará, solo juega en contra del autor, porque a nadie le gusta que un desconocido le exija algo que no entra en sus planes.

También podría hablar de lo mal redactados que están muchos de estos correos, tanto por los errores de ortografía y sintaxis como por la estructura del mensaje (algunos ni siquiera se presentan). O de su desconocimiento del bloguero con el que contactan, como aquella ocasión en la que me saludaron con un «Hola, Déborah» (no me llamo así). O de los que envían correos masivos y tienen la torpeza de dejar todas las direcciones a la vista, aunque luego intenten fingir personalización con un falso «Me encanta tu blog». La mayoría ni siquiera ha leído al bloguero en cuestión, no conoce sus lecturas ni si acepta peticiones; solo ha apuntado su correo para probar suerte. ¿Cómo no lo voy a considerar un abuso?

No soy la enemiga de ningún autor, no le deseo mala suerte a nadie. Si me niego a aceptar peticiones no es por el placer de ser borde, sino porque quiero invertir mi tiempo en aquello que me interesa. A veces comento libros de autores que conocen el blog y otras veces (muchas) no, pero soy yo y solo yo quien lo decide. Me incomoda que me traten como si fuera una máquina dispensadora de reseñas. Solo soy bloguera, solo soy lectora, y me cuesta mucho esfuerzo redactar unos párrafos razonados sobre una novela. 

Termino con unas palabras de Care Santos a propósito de la libertad de elección del lector:
Soy lectora antes que escritora. Soy lectora antes que nada, creo. Eso quiere decir que soy libre y soberana. Yo elijo, yo ignoro aquello que quiero y aquello que no quiero leer. También el cuándo, el cómo, el dónde, el porqué. Yo lo decido todo. Nadie me manda. Hay mucho por elegir. Más que nunca. Por eso es un milagro ser elegida. Un privilegio enorme.
Care Santos, tras recibir el IV Premi L’Illa dels Llibres, escogido por votación popular, por su novela Deseo de chocolate (Planeta, 2014).
Ilustración de Raquel Catalina para el Cartel de la Feria del Libro de Valencia 2010.

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