Nunca he entendido ese afán por acumular libros sin ton
ni son en el lector digital. Bueno, los aludidos me dirán que no es «sin ton ni son»,
que los almacenan porque sienten un interés real por ellos y, total, en el aparato no
abultan. No obstante, tengo la sensación de que, cuando la novela se
puede adquirir gratis o a un coste muy bajo, son descargas que se hacen sin meditar demasiado, como
quien se va de compras durante las segundas rebajas y acaba llevándose prendas
que en un principio no pensaba comprar porque «son
un chollo». Con la ropa y otro tipo de
productos de uso inmediato puedo llegar a comprender ese consumismo, pero con
los libros, con unos artículos a los que hay que dedicar horas y para los que
mucha gente alega no disponer de suficiente tiempo, no lo entiendo.
Aunque el nombre de mi blog pueda confundir, en realidad
no devoro todo lo que se me pone por
delante, sino que elijo mis lecturas con mucho cuidado y medito bien qué obras
se merecen que haga una pequeña inversión en ellas. Al igual que muchos
lectores, tengo una lista larguísima de títulos que me gustaría leer; sin
embargo, no pretendo adquirirlos todos de golpe, entre otras cosas porque me
sería imposible leerlos pronto. Además, todos los meses se publican nuevos libros
que me interesan, nacen editoriales con propuestas atractivas y descubro a
autores que ya llevan un tiempo en el mercado que probablemente me pueden
gustar. La abundancia de novelas hace que el proceso de selección sea todavía
más complicado, por eso mismo el escritor que vende aún debería sentirse
más afortunado de que haya personas que se gasten entre quince y veinticuatro
euros (imaginemos que se trata de una novedad) en su obra.
Pero ¿qué mérito tiene conseguir descargas de un libro
que se compra sin pensar, porque es gratis o se vende a un precio muy barato y los
lectores piensan «Anda, pues no tiene mala
pinta»? El método es útil para colocar una novela entre los e-books más vendidos con
relativa facilidad, pero dudo mucho que resulte eficaz para conseguir lecturas. Todos los días tengo la
oportunidad de leer infinidad de libros gratis, bien porque me los ofrecen a
través del blog, bien porque no cuestan nada en Amazon. Aun así, ignoro por
completo estas propuestas porque por lo general no me interesan; prefiero comprar aquellas novelas que de
verdad me apetecen o buscarlas en la biblioteca antes que leer cualquier cosa
solo porque es gratis. Y no, no soy rica (de hecho, compro menos de lo que
me gustaría), pero precisamente por eso pienso mucho en qué me gasto el dinero
y opto por invertir veinte euros en un libro que de verdad me atrae en lugar de
descargar veinte libros de los que solo soy capaz de decir «No tienen mala pinta».
Sé que hay gente que no opina como yo y que está abierta
a todo tipo de lecturas; no obstante, con esta reflexión pretendo ir un poco
más allá de eso: independientemente de que nos guste leer de todo o no, leer un libro implica dedicarle unas horas
preciosas, y creo que incluso la persona más receptiva del mundo reconoce
que hay títulos que le llaman más la atención que otros y que resulta necesario
filtrar porque es imposible leerlo todo. Si antes la relación entre número de
ventas y número de lecturas ya era dudosa, con los e-books a muy bajo coste de
Amazon (y las trampas de algunos autores: descargas de sus propias obras,
opiniones falsas…) todavía se complica más el hecho de saber qué libros
realmente están cautivando a la gente. Lo único que tengo claro es que «ventas» no significa necesariamente «lecturas» y que para mí sigue teniendo mucho más mérito vender
quinientos ejemplares en papel que tres mil en e-book a un euro.
