—El deseo y el amor son cosas distintas —dijo Lady Morgan—. Se complementan a veces. A veces no. A veces recaen sobre una misma persona. Pero otras veces se reparten caprichosamente. Se puede desear sin amor y amar sin deseo.
29 junio 2012
Fragmentos de libros: Juego de damas
—El deseo y el amor son cosas distintas —dijo Lady Morgan—. Se complementan a veces. A veces no. A veces recaen sobre una misma persona. Pero otras veces se reparten caprichosamente. Se puede desear sin amor y amar sin deseo.
27 junio 2012
El festín de la muerte - Jesús Díez de Palma

ISBN: 9788467553369
Páginas: 399
Precio: 15,50 €/ 8,50 €
Jesús Díez de Palma

Sinopsis
Da igual que estés en Polonia, en Alemania o en Rusia;
que seas un niño o un adulto, una promesa del fútbol
o un soldado enrolado a la fuerza.
Ni las balas ni las bombas hacen distinciones
y, quien dispara, a veces también es una víctima.
Esta es la historia de esas personas anónimas que,
en la Europa de 1939,
fueron arrastradas al festín de la muerte.
Comentario personal

Jaroslaw miró a su alrededor hasta que encontró una respuesta.
—No hay árboles como tú en Polonia. No, los árboles como tú están en la selva africana o en Indochina. Allí están los árboles más preciosos, pero están escondidos, nadie los ve (pág. 34).



Conclusión

25 junio 2012
Los prejuicios hacia el autor

Cuando se trata de un escritor de renombre, el número de ventas aumenta porque tiene un público fiel. Si es alguien desconocido, generalmente no provoca ninguna reacción, tan solo indiferencia. Pero esas no son las únicas posibilidades: el autor puede ser alguien conocido por motivos no literarios, lo que tal vez le perjudique en esa primera impresión. Veámoslo.
Por ejemplo, el autor puede ser un personaje popular (actor, presentador, deportista...) que en un determinado momento de su vida ha decidido publicar un libro. Algunos lo han hecho de forma puntual (Ana Milán, Raquel Sánchez Silva...), mientras que otros ya llevan varios títulos a sus espaldas y parecen tener la intención de seguir (Nuria Roca, Risto Mejide...). A pesar de que no todos los escritores han cursado estudios de letras, con los rostros conocidos se tienen más prejuicios que hacia alguien de cualquier otra profesión que un buen día decide ponerse a escribir.
Por un lado, esos prejuicios tienen su fundamento: la popularidad les facilita el camino a la publicación, incluso aunque su manuscrito sea muy malo, de modo que no transmiten mucha confianza. Además, la mala fama que acompaña a algunos no ayuda (al menos a los lectores que buscamos calidad; el morbo es otra cosa), aunque también es justo reconocer que si conociéramos en persona a los demás escritores seguro que en ocasiones nos sentiríamos defraudados. De todos modos, nadie les puede quitar el derecho a escribir: tal vez alguno ya tenía pensado hacerlo antes de ser famoso, así que la popularidad no va a cambiar los atributos de su obra.
No obstante, los prejuicios no solo se tienen hacia personajes populares que deciden ponerse a escribir. A veces son los escritores consagrados los que transmiten esa sensación, sobre todo cuando son fuente de polémicas, como Lucía Etxebarria: siempre que he reseñado un libro de esta autora he recibido comentarios que dicen abiertamente que no tienen ningún interés en leer nada suyo porque les cae mal. Una lástima, pero algo inevitable en alguien que despierta amor y odio.
También hay casos de prejuicios por razones ideológicas. Por ejemplo, he leído comentarios muy feos sobre Gemma Lienas por su feminismo declarado, y mensajes que invitaban a boicotear la obra de Isabel-Clara Simó por sus ideas políticas. Solo puedo tachar estas actitudes de ignorancia: entiendo que se puedan tener prejuicios hacia alguien que ha protagonizado escándalos en un programa del corazón (porque es algo impropio del mundo literario), pero ¿tener una mala opinión de un autor por ser una persona implicada en los asuntos sociales, alguien que defiende sus convicciones? Tanto si se comparte su postura como si no, al menos se demuestra que ese autor tiene cultura y cosas que decir, lo que seguramente se note también en su obra literaria.
En cualquier caso, me parece fundamental saber separar autor y novela. Ni todos los libros de Gemma Lienas hacen una defensa apasionada del feminismo, ni todos los famosillos que escriben lo hacen para pasar el rato (no puedo aportaros ningún ejemplo comprobado por mí misma, pero por lo visto Boris Izaguirre no lo hace nada mal). ¿Cómo combatir los prejuicios? Leyendo, leyendo lo que han escrito esos autores y las opiniones de quienes los han leído. En otras palabras: salir de nuestra ignorancia.
22 junio 2012
Mis 10 recomendaciones veraniegas

Hace dos años ya hice una selección temática de lecturas veraniegas para los que no quieran libros que les hagan pensar demasiado. Esta vez os propongo una lista parecida: libros fáciles de leer y cuyo tema me parece apetecible para esta época del año. Obras que, por supuesto, me han gustado mucho (si no no las recomendaría). Ahí van:
- Cuaderno para dos, de Rachel Cohn y David Levithan.
Una comedia romántica fresca y divertida que, pese a desarrollarse en Navidad, se puede disfrutar durante cualquier época del año.
- El tiempo entre costuras, de María Dueñas.
Una recomendación típica, pero no por ello menos acertada: entretenimiento a raudales y una trama llena de ingredientes interesantes. Además, se acaba de publicar la edición de bolsillo: ¡no hay excusa para no comprarlo!
- En el país de la nube blanca y su continuación, La canción de los maoríes, de Sarah Lark.
Esta recomendación es para los más románticos: amores y odios en Nueva Zelanda, con muchas aventuras y un paisaje cautivador. Dignas representantes de las landscape novels.
- La cosecha de Samhein, de José Antonio Cotrina.
Una recreación de un lugar sencillamente fascinante, con un planteamiento prometedor y una trama imposible de abandonar. No hagáis caso de la etiqueta de "juvenil": también puede gustar a los adultos.
- La mujer de papel, de Guillaume Musso.
Una lectura cien por cien veraniega: historia sencilla de corte romántico, pero con algún ingrediente original. Resulta muy amena y transmite buen rollo. Además, se ha editado hace poco en bolsillo.
- Palmeras en la nieve, de Luz Gabás.
El sol de Guinea, las plantaciones de cacao y un amor imposible. No hay mejor época para saborear estas setecientas páginas que en pleno verano.
- Pomelo y limón, de Begoña Oro.
No os dejéis engañar por su apariencia: esta novela no tiene nada de frívola o banal. En realidad, se trata de una obra llena de creatividad y está contada con mucha gracia. Una de mis imprescindibles en verano... y en cualquier época del año.
- Un secreto bien guardado, de Maureen Lee.
La historia de una madre y una hija que se vieron obligadas a separarse en la primera mitad del siglo XX. Se puede definir como un libro entrañable, de esos que dejan buen sabor de boca.
- Una chica años veinte, de Sophie Kinsella.
Una demostración de que el chick-lit también se puede reinventar; en esta ocasión, con el elemento imaginario de un fantasma. Una novela que transmite mucho optimismo (muy recomendable para quienes estén pasando "mal de amores").
- Saga Vampire Academy, de Richelle Mead.
Aventuras, sentido del humor y unos personajes espléndidos (nada que ver con las crepusculadas, os lo aseguro). Cualquier momento del año es bueno para perderse con estos vampiros, pero si todavía no los habéis conocido, estos meses pueden ser la ocasión ideal para haceros con los seis libros de la saga (o al menos los cuatro traducidos al castellano).
Clicad en los títulos para saber más sobre ellos.
20 junio 2012
Fragmentos de libros: El vino de la soledad
***
“El padre piensa en una mujer con quien se ha cruzado en la calle y la madre acaba de estar con su amante. No entienden a sus hijos, y sus hijos no los quieren. La chica piensa en su novio y el chico, en las palabrotas que ha aprendido en el instituto. Sus hermanos pequeños crecerán y serán como ellos. Los libros mienten. En el mundo no existen ni la virtud ni el amor. Todos los hogares son parecidos. En las familias sólo hay codicia, mentiras e incomprensión mutua.”
***
—Tú, mi pobre prima, perteneces a la raza de los apasionados, que se entregan por entero y sin enmienda, contra todo deber, contra toda moral… Son así. No los cambiarás. Yo no soy como ellos… Pero hay lazos que ya no se aflojan, que te aprisionan, que te ahogan… Tal vez hice daño, pero al menos me arrepiento, no puedo relegar al olvido determinadas cosas… No comprendo esa avidez, esa crueldad… Creí entenderlas…
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—Me gustaría vivir con un hombre que no hubiera conocido a mi madre, ni mi casa, que ni siquiera conociera mi lengua ni mi país, que me llevara lejos, da igual dónde, al infierno, lejos de aquí.
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Enlace a mi reseña del libro.
18 junio 2012
La mágica afinidad entre el lector y el escritor

En cambio, hay libros que, además de maravillarme por sus tramas, tienen algo más: una prosa exquisita y, sobre todo, una forma de tratar los temas con la que conecto enseguida. En esto hay mucho más que unas ideas puntuales, hay un largo trabajo de perfeccionamiento de un estilo y una mente que piensa de forma parecida a mí (o, más que «pensar», que se fija en los mismos detalles que yo, que gusta de abordar las situaciones de una manera que me agrada, etc.). Estas novelas son las que me producen deseos de querer leer el resto de la obra del autor y, si veo que no me defrauda, puedo ponerle la etiqueta de «favorito».
No hablo de algo tan simple como separar escritores malos y escritores buenos: hay autores de calidad contrastada a los que no les cojo el punto (Amélie Nothomb o Haruki Murakami, por ejemplo), del mismo modo que algunos que a mí me encantan no entusiasman tanto a otros lectores. Se trata de una afinidad especial, difícil de explicar, pero fácil de sentir cuando se está leyendo a uno de los preferidos.
Rosa Montero fue una de las primeras que me transmitió esa sensación: hable del tema que hable, me fascina su capacidad tratar tantas cuestiones que hacen pensar sin que se note a simple vista. Anna Gavalda también me sedujo enseguida, con ese estilo tan suyo y elegante. Irène Némirovsky es otra que me embelesa con su prosa poderosa y su habilidad para contar mucho en pocas páginas. Entre mis últimos descubrimientos, destaco a Blanca Busquets y Begoña Oro, a las que pienso seguir la pista.
Hallar una novela excepcional es siempre satisfactorio, pero diría que encontrar a autores con los que conecto todavía me maravilla más. Me gusta referirme así a ellos: «autores con los que conecto», no «grandes autores», pues me parece que define mejor el vínculo que siento entre su obra y yo misma (aunque por supuesto que para mí son «grandes»).
Con esta entrada he pretendido hacer mi pequeño homenaje, no (solo) a mis escritores favoritos, sino a este sentimiento, esta atracción hacia su prosa y sus historias, que me parece otra de las grandezas de la lectura. Ahora me gustaría que contarais si vosotros lo percibís igual y, si queréis, que os animéis a decir los nombres de los que os han hecho sentir así.
En la imagen: Dama en amarillo escribiendo, de Johannes Vermeer (1665).
13 junio 2012
Un destino por descubrir - Clare Vanderpool

Páginas: 400
ISBN: 9788427201200
Precio: 17 €

11 junio 2012
Aprender a aceptar críticas

En primer lugar, quiero decir que entiendo que no resulte agradable que se hable mal de una obra a la que se ha dedicado tiempo y cariño: somos humanos y estas cosas nos duelen. No obstante, no hay que dejar que la rabia momentánea se imponga y provoque que el escritor (o sus amiguitos) pongan verde al reseñador. Entre otras cosas, porque el único perjudicado por ello es el autor, ya que su imagen queda terriblemente dañada. Por muy dura que pueda ser la crítica, hay que tener la elegancia de no mostrar públicamente el enfado.
Además, a veces las reseñas negativas pueden tener razón, en especial cuando se trata de libros autoeditados que no han pasado por ninguna revisión. En este sentido, me he encontrado con novelas muy deficientes en todos los aspectos, de modo que comprendo que fueran rechazadas. Hay autores que agradecen las críticas porque les ayudan a mejorar, mientras que otros justifican sus errores con excusas que no tienen ningún sentido y hablan de lo malas que son las editoriales porque no han apostado por ellos. Con esta actitud no se puede avanzar (ni en este mundo ni en ninguno).
A mí me gusta comparar una novela con un examen: tú puedes estudiar mucho y esforzarte para dar lo mejor de ti, pero siempre existe la posibilidad de que tengas un mal día, que te encuentres una pregunta que no preparaste, que plantees mal el comentario, que olvides un punto importante y que, en definitiva, el resultado no sea el que esperabas. Como consecuencia, se suspende, es decir, no se llega a publicar. Sin embargo, esto no debe considerarse una derrota, sino una experiencia más que servirá para hacerlo mejor la próxima vez.
Y para eso el papel del profesional es fundamental: del mismo modo que el profesor corrige los exámenes e indica al alumno en qué se ha equivocado, el editor o el agente analiza el manuscrito y hace sugerencias para mejorarlo. Quien quiera dedicarse a escribir debería meterse en la cabeza que una novela no solo es cosa de él mismo, sino que las valoraciones críticas de quienes entienden del tema resultan imprescindibles.
¿Leéis los apartados de agradecimientos de los libros? Muchos autores hacen mención al trabajo de la editorial, y no creo que siempre se haga por quedar bien. Me viene a la cabeza el caso de Carmen Pacheco, que en En el corazón del sueño dice que la novela es mucho mejor que en un principio por la ayuda de los editores. También recuerdo que su hermana Laura, que dibuja las divertidas tiras de Let's Pacheco!, comentó en una entrevista que le vino muy bien tener un editor ilustrador, ya que podía consultarle sus dudas.
En conclusión, formar parte de este mundo requiere ser capaz de dejar que otros opinen sobre tu creación, tanto los expertos (que te orientarán para pulir los fallos, un trámite indispensable) como los lectores (la última palabra siempre la tienen ellos). Alegar ante las críticas negativas que «todo es cuestión de gustos» es solo una forma de engañarse a uno mismo, puesto que hay aspectos que están por encima de las meras percepciones personales (afirmar lo contrario sería como admitir que la literatura es un caos). Menos humos y más receptividad, por favor.
08 junio 2012
De tíos buenos y lectores simples

06 junio 2012
Fragmentos de libros: En el corazón del sueño
Enlace a mi reseña del libro.
04 junio 2012
Relecturas: placer y decepción
Sí, a menudo...................... 145 votos (34%)
Ocasionalmente................. 205 votos (48%)
No, nunca.............................. 72 votos (17%)
Total de votantes: 422
La relecturas pueden ser grandes placeres o grandes decepciones: placeres cuando nos embelesan tanto como la primera vez y nos permiten apreciar detalles que entonces no captamos; decepciones cuando la segunda lectura no consigue volver a provocar el mismo sentimiento, ya sea por el momento o por ser menos impresionable. También hay otro tipo de relecturas: libros que en un principio no nos gustaron y luego, cuando tenemos más experiencia, somos capaces de entender y disfrutar.
Parece que la mayoría de lectores que han votado en la última encuesta se han fijado más en su lado positivo: aunque la opción intermedia se lleve casi la mitad de los votos, resulta llamativo que el "Sí" tenga el doble de votos que el "No". Los libros se leen más de una vez, quizá no todos, quizá no siempre, pero sin duda hay gente interesada en hacerlo.
Por mi parte, esta vez me encuentro en el grupo minoritario: hace mucho que no releo, no por miedo a decepcionarme, sino porque hay tantas novedades por leer que prefiero dedicar mi tiempo a descubrir nuevos libros. De todas formas, lo que sí hago con algunos títulos es sacarlos de la estantería, abrir una página al azar y recordar momentos (por ejemplo, con Mujercitas, una obra maestra de principio a fin). No sé si esto se puede considerar relectura, pero es una forma más de saborearlos y no dejar que caigan en el olvido.
Y vosotros, ¿soléis releer? ¿Qué libros habéis leído más veces?
01 junio 2012
Fragmentos de libros: Lo que me queda por vivir
Hay sensaciones que pierden su valor en cuanto las convertimos en palabras.
“Hablaremos”, esa palabra en un tiempo verbal que contenía posibilidades de esperanza.
Enlace a mi reseña del libro.