
Páginas: 537
ISBN: 9788408098768
Precio: 20,90€
Habitaciones cerradas fue una de mis adquisiciones del pasado Sant Jordi. Hubo algo en este libro que me llamó la atención desde el primer momento (tal vez la imagen evocadora de la cubierta) y más tarde la sinopsis me acabó de convencer. Se presentaba como una historia familiar ambientada en la Barcelona de principios del siglo XX, con muchos secretos de por medio (en esto me recordó a Espejo roto, una novela altamente recomendable). Estos temas me atraen, de modo que de entrada tenía todos los ingredientes para gustarme. Además, a esto se le suma el hecho de que no había leído nada de la autora y sentía interés por su obra.
Care Santos

¿Qué ocultan las habitaciones cerradas?
Violeta es una mujer que ha dedicado su vida a estudiar y promover la obra de su abuelo, el pintor modernista Amadeu Lax. Un día recibe un mensaje de una señora italiana que se pone en contacto con ella porque, según cuenta, tiene algo que contarle sobre su historia familiar. A partir de ese momento, Violeta inicia un viaje que la llevara a Italia y a la Barcelona de sus orígenes, donde visita la casa en la que vivieron sus antepasados. Todo parece tranquilo, pero, a veces, el destino juega sus cartas y revela nuevos giros que hacen que lo que había creído hasta entonces se desmorone.

Estilo y estructura
Lo primero que llama la atención al abrir el libro es la variedad de tipos de texto que aparecen en él: desde la narración convencional en tercera persona a cartas, correos electrónicos, notas sobre arte y noticias de periódicos. Todos ellos se combinan en una estructura no lineal que alterna el pasado con el presente y completa la información con los apuntes de los escritos mencionados. Al contrario de lo que podría parecer, esta composición no me ha parecido caótica ni difícil de seguir: me atrapó desde las primeras líneas y todo está planteado de tal manera que conocemos lo acontecido poco a poco, sin perdernos ni adelantarnos demasiado. En general, considero que la autora tiene una buena prosa, amena y cuidada al mismo tiempo. El único aspecto en el que tal vez cojea un poco son los correos: en algunos detalla hasta las conversaciones, un recurso necesario para que el lector conozca los detalles, pero en mi opinión poco creíble en este medio (me recuerda más a una narración en primera persona que a un e-mail).
La Barcelona modernista

¿Qué tiene la burguesía de finales del siglo XIX y principios del siglo XX que llama tanto la atención en el terreno literario? Habitaciones cerradas no es el primer libro que se centra en una familia barcelonesa acomodada que vive en una casa grande y dispone de unos cuantos criados a su cargo. En mi opinión, ese contraste entre pobres y ricos es uno de sus puntos álgidos, aunque en este caso los segundos gozan de mayor protagonismo. La época no se queda atrás en interés: fue un período de grandes cambios (algunos se reflejan en el libro, como el paso de los carros tirados por animales a los coches), hasta que se vieron frenados con la irrupción de la Guerra Civil.
Habitaciones cerradas no es una novela histórica; no obstante, el entorno en el que se desarrolla la trama principal (la del pasado) sí existió. La historia familiar es pura ficción, pero en el texto se plasman hechos verídicos (la Semana Trágica, el incendio que destruyó los grandes almacenes El Siglo…) y aparecen algunos personajes reales (desde el rey Alfonso XIII a un joven de lo más peculiar, Francesc Canals Ambrós). También trata un tema que me sorprendió: las reuniones espiritistas, de las que no tenía ningún conocimiento. Por si fuera poco, la forma de vida de los burgueses y su relación con los trabajadores de las fábricas se puede considerar un retrato social de la época. Al final del libro la propia Care Santos explica qué referencias tomó prestadas y cuáles han salido de su imaginario.
Comentario personal

Dicho esto, considero que Habitaciones cerradas es una novela ambiciosa en muchos aspectos. Además del trabajo que siempre conlleva documentarse sobre una época determinada e introducir las fechas clave en la trama ficticia para darle credibilidad, Care Santos arriesga al emplear varios tipos de texto y mezclar presente y pasado (este último, a su vez, se encuentra fragmentado y no siempre se narra en orden cronológico). Todo ello, sin descuidar los temas esenciales ni la caracterización de los personajes, dos puntos importantes en cualquier libro. El resultado final gustará más o menos, pero no hay duda de que estamos ante una obra bien pensada, trabajada y pulida. Hay que tener un gran dominio de la escritura para forjar sobre el papel una historia tan compleja como esta.

La parte del pasado tiene aires costumbristas y, si no fuera por los textos que la acompañan, podría pasar por una novela clásica sobre la burguesía catalana. En este lado se desarrollan los hechos más importantes, desde los orígenes de la familia y sus allegados a la verdad sobre esos descubrimientos que se acaban de hacer en la actualidad. Hay un detalle curioso: casi toda la narración corresponde a una tercera persona típica; sin embargo, en algunos momentos interviene una voz personal, la de los fantasmas que viven en las habitaciones y conocen mejor que nadie lo que ha ocurrido en ellas. Que quede claro que el libro entra dentro de la narrativa, no de la literatura fantástica; este enfoque es más bien algo anecdótico.
Por otro lado, siempre que estamos ante una saga familiar se espera que haya un número elevado de personajes. Habitaciones cerradas no es una excepción: a lo largo de sus más de quinientas páginas desfilan miembros de la familia, criados, amigos, figuras políticas… Como es obvio, el protagonismo recae en unos pocos, de los que conocemos las raíces a fondo. En esto encuentro una pequeña pega: a veces se extiende tanto al hablar de los orígenes de una familia que se me hizo un poco pesado (en especial durante las primeras ciento cincuenta páginas). Aun así, comprendo la importancia de esos datos a la hora de entender la forma de ser de los descendientes.

Hablando de los personajes, el misterio recae sobre todo en Amadeu, aunque ocurre un hecho curioso: casi ningún fragmento se centra en él exclusivamente, más bien lo conocemos a través de su forma de actuar con los demás y lo que estos piensan de él. Se le puede describir como un hombre introvertido, maleducado y egoísta, el ejemplo perfecto de artista brillante en su trabajo y a la vez insoportable para los que están a su lado. Además, y esto es una sensación muy personal, a pesar de todas sus sombras he vislumbrado en él a una persona vulnerable, como un niño que nunca supo adaptarse a lo que se esperaba de él. Un protagonista interesante, no hay duda.
Me centro ahora en los fragmentos en presente, compuestos en su mayoría por correos electrónicos que intercambian Violeta y su madre, aunque también hay narración convencional y apuntes de la protagonista en una libreta. Esto, además de darle un aire moderno, tiene la ventaja de que aporta misterio a la historia gracias a los descubrimientos que se hacen, con lo que consigue captar el interés y dar un giro de ciento ochenta grados a lo que pensábamos cinco minutos antes. Digamos que los cambios de rumbo principales se producen aquí y luego en los tramos del pasado se terminan de resolver. Una prueba más de lo pensada que está la novela.

Pero el interés de la etapa actual no se limita a los hallazgos: la trama personal de Violeta me ha parecido muy bonita, se nota que la autora, pese a dar más importancia al pasado, no ha olvidado la vida de los que viven en el presente. Si el tema principal de la novela son los secretos de nuestros antepasados que nunca llegamos a conocer, se podría decir que en el futuro ocurrirá lo mismo con algunas de estas experiencias de la descendiente de Amadeu Lax. Todos guardamos algo en lo más íntimo de nuestra alma y es imposible que se llegue a saber la verdad al completo de nuestra existencia.
Para terminar, me apetece hablar un poco de la edición: tapa dura, cubierta preciosa, panfletos de los grandes almacenes El Siglo estampados en el interior, papel blanco (muy importante para personas de edad avanzada), letra grande con espacios y fuentes distintas según el tipo de documento. ¡Todos los libros tendrían que ser así! En la traducción al catalán hay algunas erratas, fragmentos con repetición de palabras y un par de errores en los e-mails, pero es muy poca cosa teniendo en cuenta que hablamos de una novela extensa. Se ha hecho un buen trabajo.
En general, Habitaciones cerradas ha cumplido mis expectativas y me ha proporcionado buenos ratos de lectura. Asimismo, pienso que puede ser una novela adecuada para intercambiar impresiones en un club de lectura o una lectura conjunta de las que están tan de moda en la blogosfera. Hay muchas escenas dignas de comentar con otros lectores; tiene chicha, si se me permite decirlo así. No le doy una puntuación mayor porque con la valoración reflejo mi nivel de satisfacción (como un termómetro que indica hasta qué punto me ha llegado un libro), pero quiero que quede claro que no le veo fallos como tales y será de esas novelas que recomiende sin titubear.
Conclusión

Mi valoración: 8,5/10